lunes, 31 de enero de 2011

La humanidad escribe la Historia como un registro de sus intentos de establecer sus propios órdenes racionales, que son múltiples. Ninguno es universal ni eterno, y la prueba de ello la dan las revoluciones, que son nuevos intentos de establecer otro orden racional. Ese intento lleva a la irracionalidad, y al fracaso, aunque éste puede ser convertido en éxito por comprender que racionalizar la realidad es imposible. La conciencia histórica del hombre es como un velo con el que se impide observar el universo y su propio orden. El orden del universo no es racional... ni irracional. El hombre histórico usa la razón para intentar racionalizarse a sí mismo y a la realidad. Otra cosa es usar la razón para comprender que el ser humano no puede racionalizarse a sí mismo ni a la realidad ni a la energía, pues no son racionalizables, subordinables a un orden humano racional. En ese orden fluye una neurona o las moléculas de oxígeno del aire, no una persona. Una persona se subordina a otro orden: su orden moral de conceptos y valores relativos, diferentes a los de todas las demás personas, y entre todos forman una amalgama desordenada. El universo tiene su propio orden, no tanto "superior" a cualquier orden imaginable por el hombre, sino simplemente inimaginable. En ese orden fluye una neurona o las moléculas de oxígeno del aire o los "genes" de los rayos de luz, los fotones. Fotogenes fotogénicos...

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